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La ciudad que no amaba los deportes olímpicos (I)

lunes 15 de abril de 2013, 00:00h
Actualizado: 26/04/2013 15:21h
En 1990, siendo alcalde Agustín Rodríguez Sahagún, el Ayuntamiento de Madrid decidió construir un velódromo en lo que hasta ese momento había sido el canódromo de Carabanchel, que había cerrado un año antes.

Eran tiempos en los que el fútbol todavía no había arrasado con todo y se quería recuperar la tradición del ciclismo en pista en Madrid que había tenido mucho éxito entre el público hasta los años 70, especialmente Los Seis Días de Madrid en las instalaciones del Palacio de los Deportes.

Es bueno recordar que Madrid, en otros tiempos, había contado con una interesante pluralidad de espectáculos deportivos, como otras ciudades europeas. Además de fútbol y baloncesto había frontones, estadio de atletismo, hipódromo, canódromo, velódromo, etc. No se intuía todavía la pestilente alianza entre fútbol, ladrillo y televisiones que iba a reducir tan drásticamente la cultura deportiva de nuestro país y sus ciudadanos.

El proyecto de Manuel Canalda costó 6 millones, buena parte de ellos gastados en la madera africana destinada a la pista que pretendía ser una de las más rápidas del mundo. El recinto tendría capacidad para unos 5000 espectadores, aprovechando parte de la antigua tribuna del canódromo y contaría también con espacio para oficinas, gimnasio, patinaje, además de pistas de tenis y frontón.

Pues bien, el estadio nunca se llegó a utilizar como velódromo y la instalación permaneció abandonada, deteriorándose por muchos años, llegando incluso a usarse como alojamiento para personas sin hogar.

Con los primeros pasos del proyecto olímpico de Madrid se pensó recuperar el velódromo para las pruebas olímpicas de ciclismo en pista. Sin embargo, sigo sin entender por qué motivo, se decidió llevar la práctica totalidad de las instalaciones al “anillo olímpico” y se presupuestaron 300.000 euros para desmontar la madera africana pieza a pieza para utilizarlas en el presunto nuevo velódromo olímpico, acabando aquí la historia del ciclismo en pista en Carabanchel. Y así, candidatura tras candidatura, llegamos al dossier olímpico de Madrid 2020 para ver que la previsión es construir un velódromo temporal cerca del estadio de la Peintea, que costará más de 17 millones de euros y que desaparecerá después de los Juegos Olímpicos.

Conclusión: en treinta años Madrid habrá construido dos velódromos que habrán costado un mínimo de 24 millones  y después de 2020 no tendrá ninguno. Supongo que se esto es lo que se conoce como el “legado” de los juegos. Por cierto, ¿qué habrá sido de la madera africana?

Jorge García Castaño.
Concejal del Grupo Municipal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid.
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