Madrid
|
11
27
Madridiario
Miércoles 22 de octubre de 2014 | actualizado a las 23:34 horas
360 trabajadores de la fábrica de Fuencarral siguen sin indemnización
|

Clesa: historia de una fábrica arruinada

La primera central lechera española, Clesa, cierra tras medio siglo de vida en Madrid. Sus últimos propietarios, José María Ruiz-Mateos y familia, han arruinado la compañía. 360 trabajadores llevan meses esperando cobrar las indemnizaciones que les corresponden. La fábrica debe quedar desalojada, por orden del juez, la primera semana de marzo.


Autor: MDO
En 1962 la fábrica de Clesa de la Avenida del Cardenal Herrera Oria —vía conocida por los vecinos como Carretera de la Playa— se puso en funcionamiento. Ideada por el arquitecto gallego Alejandro de la Sota, la factoría en seguida se convirtió en punto de referencia de la zona norte de Madrid, particularmente del distrito de Fuencarral-El Pardo. En aquel momento, las botellas de un litro de leche "higienizada, pasterizada y esterilizada" costaban entre 7 y 7,50 pesetas y la empresa gozaba de un gran éxito de ventas entre los habitantes de la capital.

Clesa (acrónimo de Centrales Lecheras Españolas S.A.) tiene su origen sin embargo en Burgos, en una explotación ganadera familiar en Báscones, en movimiento desde los años 20. Su salto al mercado nacional llegaría en 1943 y la apertura de la fábrica en Madrid consolidó la marca. Fruto de esta expansión, en los 70 llegaron las adquisiciones de las plantas en Alicante, Pontevedra o Letona (Central Lechera de Barcelona) que a su vez era dueña de Cacaolat, la popular marca de batidos de chocolate. Estas operaciones se llevaron a cabo bajo el mando de Arturo Gil, nieto de los dueños de la granja burgalesa.

En 1998, Parmalat, grupo italiano líder mundial en la producción de leche UHT, compró la compañía. Fue en 2007 cuando Ruiz Mateos, en plena creación de Nueva Rumasa, se hizo con todas las actividades de Parmalat en España —incluyendo Clesa— por 188 millones de euros. Los empleados ahora sin empleo señalan este hecho como el inicio de los problemas de la empresa: "Cuando la familia Ruiz-Mateos aterrizó aquí quisieron demostrarnos lo espléndidos que eran y sus buenas intenciones y nos dieron a todos una paga de 600 euros, además de contratar a cien personas más cuando la situación no estaba para eso", afirma Luis Muñoz, trabajador de Clesa con una antigüedad de "43 años, 8 meses y 8 días" y miembro de CCOO.

Fue entonces cuando empezó la "mala gestión". "Firmaron acuerdos con grandes distribuidores vendiendo los productos por debajo del precio de coste", apunta Muñoz. Además, Clesa avaló operaciones financieras y mercantiles de empresas propiedad de Nueva Rumasa por un valor superior a los 766,58 millones de euros, es decir, 18 veces su patrimonio neto en el ejercicio 2009.

Indignados
Los trabajadores de la fábrica comenzaron a ser conscientes de su precaria situación a finales de 2010, convocando la primera concentración de protesta el 31 de enero de 2011 (al no haber cobrado la paga extra de Navidad ni la nómina de enero). En febrero de ese mismo año solicitó un 'preconcurso' de acreedores para Nueva Rumasa y las manifestaciones contra la familia Ruiz-Mateos se sucedieron los meses siguientes. "Son una familia de sinvergüenzas e innombrables, merecedores de un Óscar al holocausto laboral", critica Muñoz muy indignado.

Tanta indignación es comprensible. Los 361 empleados afectados por el ERE llevaban, en su mayoría, "toda la vida" trabajando para Clesa. Y siguen sin cobrar sus indemnizaciones (Ahora son 360 pues uno de ellos ha fallecido)."Era una empresa muy familiar, había muchos casos de padres e hijos trabajando, de matrimonios que se habían conocido en la fábrica... en mi caso trabajaba un hermano conmigo", comenta José Luis Acón, que a sus 59 años era encargado de la producción. "El tema económico es muy duro, pero la historia también es muy triste a nivel humano", agrega. También Antonio Vaquero, de 60 años y miembro de UGT, lamenta la actual situación. "Yo llevaba 39 años haciendo de comercial y ahora me he quedado fuera de las prejubilaciones", dice.

Los trabajadores ahora esperan fundamentalmente la venta de Cacaolat—paralizada por falta de acuerdo entre el juez que lleva el caso en Madrid y el de Barcelona— para cobrar una compensación económica de 20 días por año trabajado con un máximo de una anualidad. Así, calculan que aproximadamente recibirán un 35 por ciento de la indemnización legal que en realidad les correspondería. "Por mis manos habrán pasado más de cuatro millones de botellas y botellines de Cacaolat. Ahora precisamente solo de ahí puede venir el dinero y, no es que te lo quieran negar, pero se están retrasando mucho con los pagos", indica Acón.

Asimismo, siguen atentos a la venta del resto de activos de la marca. La maquinaria de la fábrica se vendió por un millón y medio de euros a un comprador de maquinaria no utilizable que estas semanas trabaja a contrarreloj para dejar la factoría despejada. También las ventas de frigoríficos de Helados Royne —perteneciente a Nueva Rumasa—, el hotel Cervantes o la filial de Clesa en Pontevedra podrían aportar algo a los empleados.

El edificio en sí mismo y el terreno donde está construido es en la actualidad propiedad de Metrovacesa. El Juzgado de Primera Instancia número 47 de Madrid ordenó en junio la ejecución de las sentencia de desahucio, que debía ejecutarse como muy tarde el 5 de marzo. "Aunque no creo que se cumpla el plazo al ritmo que van", afirma un empleado. La incógnita ahora es saber qué hará Metrovacesa con la emblemática factoría, pues se trata de un edificio protegido por el Ayuntamiento de Madrid, catalogado como edificio representativo de la segunda mitad del siglo XX.

Atrás quedan ya las famosas excursiones a la fábrica de decenas de miles de escolares madrileños. "Venían grupos de colegios todas las semanas y se les regalaban productos, para los niños era muy divertido y para nosotros era una publicidad muy buena", comenta Vaquero. Y es que Clesa ya no producirá más batidos, mantequilla, yogures o postres. Clesa ya no producirá más leche.